Monopoly es uno de los juegos de mesa más populares del mundo. Sin embargo, su historia comienza de una forma muy distinta a lo que muchos imaginan. No nació como un juego para hacerse rico, sino como una crítica al sistema económico. Detrás de esta idea estuvo Elizabeth “Lizzie” Magie, una inventora y activista que se adelantó a su época.
En enero de 1904, Lizzie Magie patentó The Landlord’s Game. Desde el inicio, su objetivo fue claro. Quería explicar cómo los monopolios concentran la riqueza y generan desigualdad. Para lograrlo, diseñó un juego fácil de entender, pero lleno de significado.
El juego original que dio origen a Monopoly
Lizzie creó un tablero con propiedades, rentas e impuestos que imitaban situaciones reales. Además, el juego ofrecía dos formas de jugar. Por un lado, permitía la competencia extrema. Por otro, promovía la cooperación entre los jugadores. De esta manera, las personas podían comparar ambos sistemas y entender sus efectos.
Al mismo tiempo, Lizzie se inspiró en las ideas del economista Henry George. Él defendía que la tierra debía beneficiar a toda la sociedad y no solo a unos cuantos. Por eso, The Landlord’s Game funcionaba como una herramienta educativa y no solo como entretenimiento.
Cómo el juego se volvió popular
Con el paso del tiempo, el juego comenzó a circular de forma informal. Muchas familias y comunidades copiaron el tablero y adaptaron las reglas. En esa época, esto era común, ya que los juegos no contaban con la protección legal actual. Como resultado, surgieron múltiples versiones del mismo concepto.
Fue entonces cuando Charles Darrow conoció una de estas adaptaciones. Él decidió simplificar el juego y enfocarlo en la acumulación de dinero. Además, eliminó el mensaje educativo original. Este cambio conectó con el contexto de la Gran Depresión, donde la estabilidad económica era un deseo compartido.
El nacimiento del Monopoly moderno
Darrow presentó su versión a Parker Brothers. La empresa compró el juego y lo lanzó al mercado como Monopoly. Rápidamente, se convirtió en un éxito global. Sin embargo, Lizzie Magie quedó fuera del reconocimiento público. Vendió su patente por una cantidad mínima y no recibió crédito como creadora.
En los primeros años del siglo XX, esta situación no fue excepcional. Muchas mujeres inventoras vieron cómo sus ideas eran ignoradas o atribuidas a otros. Aun así, la base del juego seguía reflejando la crítica original al monopolio, incluso sin intención.
El legado de Lizzie Magie
Hoy, la historia de Lizzie Magie vuelve a salir a la luz. Reconocer su trabajo es importante, no solo por justicia histórica, sino también para entender el verdadero origen de Monopoly. Antes de ser un símbolo de competencia, el juego fue una lección sobre desigualdad y poder económico.
La próxima vez que juegues, vale la pena recordar a la mujer que lo creó con una intención muy distinta. Lizzie Magie no solo inventó un juego. Creó una forma de aprender, cuestionar y reflexionar jugando.
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Xideral Team